Hablamos de robots autónomos para referirnos a todos aquellos robots que se diseñan y programan para que realicen acciones por sí solos. Es decir, son los robots que tienen la “capacidad” de llevar a cabo las tareas sin que haya una persona controlándolos o sin que intervenga previamente.
Lo que diferencia a estos dispositivos de otros robots es la independencia que tienen a la hora de moverse. Para ello, los robots autónomos cuentan con un conjunto de piezas y sensores conectados entre sí y programados para ayudarles a identificar el espacio en el que están, extraer y analizar los datos del mismo y moverse en base a dicho análisis.
Cuando hablamos de robots que, además, se pueden desplazar de un lado a otro por sí mismos, estamos hablando de robots móviles autónomos.
Ahora que ya sabes qué son los robots móviles autónomos, es momento de comprobar cuál es su funcionamiento a nivel general, puesto que cada uno puede tener particularidades específicas en función de las acciones que desarrollen.
El funcionamiento de estos robots se basa en los siguientes elementos, todos necesarios para trasladar la información del entorno al robot:
Sensores
El conjunto de sensores que llevan incorporados les permite recopilar la información sobre el entorno físico. Desde cámaras infrarrojas hasta sensores de temperatura o de proximidad.
Procesador de datos
Una vez han recopilado la información proporcionada por los sensores, esta pasa al procesador de datos, donde se analiza. En base a ese análisis, el robot “toma las decisiones” adecuadas, es decir, decide qué acción realizar.
Elementos locomotores
Son todas aquellas piezas o sistemas que dotan al robot de movilidad. Es decir, las ruedas, los brazos o los sistemas de guiado.
Fuente de energía
Por último, cualquier robot necesita una fuente de energía para funcionar. En la mayoría de los casos encontramos baterías, si bien es cierto que cada vez es más frecuente encontrar robots autónomos con carga solar, por ejemplo.
La industria robótica tiene numerosas ramas derivadas que tienen un papel fundamental en el diseño de los robots autónomos, y la informática es una de ellas.
Grosso modo, podemos decir que la informática es el ámbito profesional donde se adquieren los conocimientos para programar y conectar todas las piezas, tanto de software como de hardware, que componen un robot autónomo.
Los especialistas en informática tienen la capacidad de programar el robot en el lenguaje que corresponda para que el robot adquiera la autonomía que le caracteriza.
A continuación, te mostramos algunos de los aspectos que hacen que la informática sea una parte básica en el diseño de robots autónomos:
Introducción de los algoritmos
adecuados para procesar los datos.
Herramientas y técnicas de análisis de datos.
Conocimiento y desarrollo de sistemas operativos.
Automatización de procesos
gracias a la inteligencia artificial.
Realización de pruebas tipo ensayo y error para minimizar el margen de error a la hora de programar los robots.
A día de hoy, el uso de los robots autónomos es aún residual, aunque cada vez son más los sectores que deciden incorporarlos en sus operativas diarias. Uno de los ejemplos más cotidianos es el de los robots de limpieza, que se encargan de aspirar y fregar suelos en hogares y grandes superficies. Estos dispositivos detectan obstáculos, evitan caídas y cubren todas las áreas indicadas sin apenas intervención humana, optimizando así el tiempo y el esfuerzo de las personas.
En este apartado, ponemos algunos ejemplos de casos de uso donde se utilizan robots autónomos con más frecuencia:
Las acciones que se realizan en los almacenes y naves logísticas se han optimizado mucho gracias al uso de robots. Programar a un robot para que lleve a cabo tareas como la preparación de pedidos, la colocación de mercancías o la clasificación y transporte de las mismas por el almacén supone una gran optimización de tiempo para los operarios, que se pueden dedicar a otras acciones.
¿Alguna vez has entrado a un restaurante y has visto un pequeño robot haciendo funciones de camarero? Los robots autónomos que se dedican a recoger los platos ayudan a los profesionales a prestar más atención a cada mesa, algo que redunda en un mejor servicio al cliente.
Las cadenas de montaje de distintas industrias son procesos, por lo general, muy mec ánicos, en los que los robots autónomos son de gran ayuda. Los procesos en los que se requiere más agilidad en el montaje de piezas mejoran sus resultados gracias a este tipo de robots industriales. No solo se incrementa el número de piezas montadas, sino que también se reduce el tiempo de inactividad.
Finalmente, la presencia de robots autónomos en el sector del comercio minorista se empieza a extender progresivamente. No es raro ver robots que desplazan un carro lleno de material que hay que colocar de nuevo, o que realizan una inspección del stock que queda. En ambos casos, acciones mecánicas que permiten a los trabajadores centrarse en otras cuestiones más estratégicas.
Más allá de nuestro planeta, la robótica autónoma juega un papel crucial en la exploración espacial. Los róvers que se envían a Marte u otros lugares distantes deben operar de forma independiente buena parte del tiempo, ya que la enorme distancia impide controlar sus acciones en tiempo real. Esto exige algoritmos avanzados de navegación y procesamiento de datos para adaptarse a terrenos desconocidos, tomar decisiones autónomas y, al mismo tiempo, llevar a cabo los experimentos científicos para los que han sido diseñados.
Predecir lo que va a suceder es difícil, pero todo parece indicar que la industria rob ótica y la informática aplicada a ese ámbito son sectores con una gran proyección de futuro. Si atendemos a los avances registrados a lo largo de los últimos años, y a los proyectos innovadores en los que se está trabajando, comprobamos que el universo de posibilidades que podrían traer consigo los robots autónomos es muy amplio.
La informática industrial tiene un gran recorrido ante sí, y las personas que se especialicen en este sector tendrán la posibilidad de descubrir nuevos avances en los robots autónomos. Hasta el punto de que este tipo de dispositivos se podrá utilizar en muchos más ámbitos profesionales para optimizar el trabajo y aumentar la productividad.
Por ejemplo, el uso de robots autónomos en las tareas de limpieza viaria, o en la instalación de paneles fotovoltaicos, entre otras cuestiones. Y, de ahí, se avanzará hacia modelos de robots colaborativos, basados en Cloud Computing, o hacia robots con sistemas de navegación cada vez más completos.
En la Universitat Carlemany sabemos que la industria robótica y la informática tienen un enorme potencial aún por explotar, y que las innovaciones que se producen continuamente mantienen el sector vivo.
La informática, al igual que sucede con otros segmentos, está en constante evolución. Por tanto, la formación especializada también debe adaptarse a la realidad de cada momento e integrar todos los avances que se vayan consolidando.
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